LA LAGUNA DE HUAMANPATA
Esta es la historia de un joven que tras perder a su amada en una laguna encantada, Laguna de Huamanpata, quiere olvidarse de lo sucedido y para lograrlo acude a las drogas, la homosexualidad, el alcohol. Pero como todo hombre de hechos y palabras tiene que cumplir su promesa: Estar con su amada hasta en el fin del mundo. La historia es narrada en primera perdona por el propio joven quien con un estilo y gracia va narrando cada episodio de su vida en la cual se enamora y luego pierde a su amada, mientras, lentamente va degradándose hasta acabar con el mismo.
En esta Lima de mierda en donde la discriminación hacia los homosexuales, los drogadictos, los putos se hace progresiva. En esta Lima tan veleidosa, asquerosa, apestosa, un día al atardecer el cielo se había puesto casi rojo, la rubia se había escondido sin mostrar su tanga ni su monte de venus “que rica la rubia, que bella la rubia, como eleva mi temperatura, conchesumadre”. Los drogadictos empezaban a meterse en sus antros, los homosexuales empezaban a salir colgando en sus brazos una cartera, vistiendo pantalones ajustados y siempre tan afeminados que ni una sola mujer podía ser tan femenina como “ellos-as”; los pandilleros se empezaban las primeras trompadas en plena av. Arequipa. De uno de los antros salió un hombre de mediana estatura de cabello hirsuto y empolvado con pantalón “pitillo” aquel hombre cruzó la avenida corriedo como sintiéndose perseguido y vi que de sus vellos ojos caía unas lágrimas. El hombre con su mano sucia los pegó a sus ojos los secó se empezó a desesperar, se dirigió hacia una casa vieja mientras fue contando lo que le pasó.
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Mi cabello está crecido y cuando paso por las calles la gente me silba y me acusa de “maricón”. Mis uñas largas y sucias, mi ropa un completo guiñapo, lo único que me libera de todas esas acusaciones de ser “cabro”, es mi barba crecida, negra, enredada y sucia, que me caracteriza un varón de verdad. Mi pene al aire libre y esta manera de caminar, meneando mi trasero y emanando pestilentes olores, con un borrador amarrado en mi cuello y una soga peluda amarrado en mi cintura., una soga hecha a base de cabello humano. Lo traje desde muy lejos y lo llevo siempre amarrado en mi cintura, con un pedazo de ella colgando por mi culo lo cual me hace pensar a veces que tengo cola., a veces cuando la soga no cuelga en mi culo, siento miedo, lo busco por todas partes hasta encontrarlo o si no lo siento colgado, pienso: Cuncha su madre, mi colita no está. Ando por las calles fumando unos tiros y jalando con una pita pedazos de cartón y botellas de todo tipo. Hace muchos meses que no me he bañado. Mucha gente me acusa, a pesar de cabro, de “loco”, de orate, de chalado. La verdad es que la gente no sabe lo que dice, simplemente se fija en mi manera de vestir, en mi conducta y critican. Hasta critican mi manera de fumar mi marihuana: Que adicto es este hijo de puta, emboca el pito como si fuera pinga, dicen. Últimamente no he logrado dormir bien y no es porque en los cartones y basurales no se pueda, es por una promesa, y por un sueño pesado y aterrador. A pesar de que he intentado, por todos los medios dejar de soñar: cigarros, marihuana, heroína, polvo, caspa de Atahualpa y todo lo conocido y por conocer. Algunos de mis amigos me aconsejaron que vaya a Las Cucardas o algún prostíbulo o en todo caso a alguna avenida y tal vez así me olvidara de todo después de haber eyaculado en una “puta” me quedara “felizmente” dormido, pero la verdad es que no lo he logrado. Después de haberlo pensado varias veces, mientras andaba recolectando cartones y botellas y comiendo de los basurales me he ido a una de ellas. Subí a un taxi “llévame a unas putas”, le dije al conductor, escondiendo mí colita, el cual me llevó directito a la av. Arequipa, a las diez de la noche. Llegamos, estacionamos el taxi en una avenida, en el corredor estaban unas chicas de vida feliz con ropas baratas de colores llamativos: rojo, verde, morado, que en la oscuridad no se les notaba, pero cuando empañamos con las luces del auto se las pudo ver. Una de ellas se acercó al taxi, le abrimos la ventana: Servicio completo veinte soles, incluido telo, dijo la puta. Sube, incluye por el chico también ah, le dijo el conductor y nos fuimos a un hotel. En el camino el conductor se sacó su casaca y se quedó con una ropa de cura: Soy cura, me gusta fumar de las buenas y también me gustan los cabros y las putas, que suba una puta más, dijo sonriendo el conductor. Subimos a una puta más, sacamos el letrero “TAXI” que estaba encima del parabrisas y nos condujimos un hotel. Al subir al carro, el curita, dijo: Apresúrate, mierda; y eso fue motivo para cerrar la puerta de golpe y mi colita quedo enredada en la puerta Ahuuu mierda, me duele mi colita, le grité al curita., abrí nuevamente la puerta del auto, acomode mi colita y avanzamos. En el carro todos se tapaban las narices, porque me había mandado un pedo hace tres días, y por la suciedad de mi culo, el pedo se había quedado “obstruido” y en esos momentos había logrado “desfogar”, de a poquitos, el “gas”. Cuando llegamos a un hotel, dejamos el auto en una cochera, pedimos una habitación; aunque por poco me lo niegan y los de seguridad me corren, por “Loco”, pero el cura, muy buena gente, le dio la bendición a la señora de recepción: Curita, deme su bendición, por favorcito, Muy bien hijita, primero tienes que arrodillarte y rezar un padre nuestro con las vocales abiertas, ¿Cómo padrecito?, Primero arrodíllate, la recepcionista se puso de rodillas. Ahora, primero cierras bien lo ojos y te concentras, deja tu mente en blanco. Jesús en persona va a salir de una selva oscura, ¡Ah!, ¿cómo en La divina comedia padrecito?, Vas a sentir que el cuerpo de Jesús entra por tu boca, calientito, pero no vayas a impedir que derrame su bendición, arrodíllate, no hables mucho, arrodíllate, la recepcionista se puso de rodillas. Ya padrecito, dijo la recepcionista tapando con su mano su rostro., ya estaba arrodillas. Empezamos, primero hagamos un ejercicio para ver si estas preparada para recibir el cuerpo de Cristo, cuando yo diga “a”, tú dices con mucha fuerza “ahhhhhhhhh”, y cuando yo diga “o”, tú dices “ooo” y con tus manos vas acariciar su cuerpo, ¡que emoción parecito!Rapidito poe, A, Ahhhhhhhh, “O”, Ooooooo, A, Ahhhhhhh, Está llegando, ¿lo sientes?, cuidado, no lo muerdas, porque si no, ya no te derrama su bendición, Ya padrecito, ahhhhh, oooooo, ahhhh, oooo, ah, oooo, ahhh, ooo, ahhh, oo, que suave es el cuerpo de Jesús. El curita volteó la mirada y con señas me dijo que subiera rápido, pero yo me quede un ratito más para ver como derrama su bendición: A, Ahhh, Ya, ya, Jesusito está sudando, ya te va derramar su bendición, ya, ya, a, Ahhhhh; Curita yo también quiero la bendición, le dije al cura, Ya hijito ponte rodillas también, tú ya estas preparadito, cuando yo te “cuerpo de cristoo”, tú me tienes que decir “aaameen”, Ya padrecito, “Este es el cuerpo de cristooo”, Aaaahhhamen “puta que la bendición es flemosa, cura conchetumadre”…
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Cuando el curita subió, me toco a la puerta de la evitación 404, en don estaba con las putas., se llevó a una de ella. Cuando ya se hubo el cura. Yo me había queda con la puta más rica. La puta se desvistió, mirándose frente a un espejo sucio. Me desvestí. La puta se acercó hacia mí, desnuda, tocándose sus senos con una mano y con la otra bajándose su tanga. “Primero paga, tieso hijo de puta”, dijo, Primero me la chupas, perra de mierda, le dije. Le pedí que me diera unos minutos, para ir al baño. Me hacían falta unas líneas de polvo. Volví y la encontré tirada en la cama, tocándose su vagina. Se estaba echando unas cremas. Saqué de mi bolcillo un “Mentolatum ayuda” lo empapé en el condón, además saqué de mi bolcillo un papelito, lo desenvolví, humedecí mi dedo, lo unté en el papelito de polvo blanco y lo rosé por mi glande. Me acerqué a la puta y le acerqué mi pene a su boca; se puso en cuclillas... Luego, se paró, yo también, puso sus manos en la pared y se dobló de caderas. Tocándole las caderas, como un perro de mierda, pero sintiéndome duro. Apenas mi pene estuvo en el orificio de su ano: Recodeeéeee a Frisa y mi pene se desrectó al instante. La puta no dijo nada y me pregunto si soy gay “No”, le contesté saqué de mi billetera un par de soles, le cancelé el “servicio” y salí corriendo del hotel. Me fui a un basural, a dormir, pero como no lo logré, me fui a visitar a uno de mis amigos que venden una de las puras. Fumé, toda la noche y al día siguiente, con mi ojo hinchado y rojo, empecé a recolectar botellas y cartones. Ahora me encuentro encerrado en esta casa vieja, de paredes agrietadas y con olores a mierda.
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A pesar de mis mil y un intentos por dejar de soñar y recordar la promesa que he hecho, no lo he logrado. Este sueño y este recuerdo y esta promesa me lo impiden. Os quiero contar sobre mi promesa, mi sueño, mi recuerdo con el deseo de que el solo hecho de cumplir mi promesa no os parezca un adefesio, un adefesio, un adefesio, además no os pido lastima ni compasión, simplemente os pido dejarme ser feliz, en mi mundo: un mundo para maricones, drogadictos, para suicidas.
Mis pelos se ponen de punta siento como si un pelotazo me hubiere caído en el estómago; nuevamente siento un airecito frío correr por mi rostro y me entumezco y me quedo inmóvil.
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Un tenebroso setiembre, en el pueblo de Rodríguez de Mendoza, un pueblo ubicado en el departamento de Amazonas, provincia de la misma región del país de Perú.
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Esto es motivo del cuadro psicológico, desgraciado, en el que me encuentro.
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Uno de mis más magros tíos me hubo presentado a su amigo de sus “borracheras”, un señor estrabico, que además sufría de catalepsia: sufría de convulsiones en las cuales se quedaba como “muerto”, en algunos casos por más de un mes y hasta casi dos. Hubo una ocasión en la cual lo habían llevado al hospital para que le curaran y los médicos habían determinado, sin mayor tino, que estaba muerto. Lo condujeron a hacerle una necropsia y cuando el bisturí estuvo siendo introducido en su piel, el señor, empezó a gritar “¡No metan el bisturí por mi culo, hijos de puta! y salió corriendo vistiendo una bata de difunto. Ya su ataúd estaba preparado y su familia se vio en la necesidad de cuidarlo “por si el caso lo acontezca en otro momento”. Aquel señor se llamaba Pedro, pero los oriundos lo llamábamos “el visco”, a veces pensábamos que era un mañoso mañoso de mierda, porque tenía un ojo que miraba de lado y cuando las chicas pasaban por su lado se asustaban, claro, yo también, pues pensaba que me quería violar el muy cabron. Don Pedro, me hube enterado por gentes cercanas a él, tenía dos bellísimas hijas: Rocío y Emérita; las cuales se encontraban en la ciudad de Lima y que por fiestas patronales venían al pueblo Huayacho para pasar las fiestas, aprovechando unas vacaciones, al aire “libre”, aire fresco, aire huayacho “conchesumadre”. Supe además, que aquellas se quedarían por unos días en la casa de una de mis tías, ocuparían el cuarto donde yo iría a ocupar. Por unos días la cólera y la envidia me envenenaron el alma: alguien iba a ocupar mi lugar, cosa muy extraña para mí. Todo debido al estado en el que se encontraba el padre de aquellas “bellas hijas”; tenía su pequeña cabaña. La maleza había terminado envistiendo el techo de paja de aquella choza; por su corredor corría el agua por una acequia, también llena de maleza; su jardín contenía hermosas y aromáticas orquídeas y entre ellas se escondían culebras, arañas, hormigas y demás animales propios del lugar; en conclusión: sus hijas no irían a pasar vacaciones en casa del señor Pedro. Le hubieron pedido a una de mis tías, Ludeña, que les prestara un cuarto, “mi cuarto”, para que pasen los quince días de vacaciones y cuando llegaría, como de costumbre a pernoctar, me mandarían a dormir en el altillo, junto a las gallinas, fastidiado por las pulgas y los piojillos.
Cuando fui a casa de mi tía encontré las cosas de aquellas mujeres, unos flotadores, ropas de baño, un mapa del pueblo. En el mapa estuvo marcado: Tocuya, Las Cataratas de Leymebanba, La quebrada de Huarmiaco, Las Cuevas de Mito, lugares turísticos de los pueblos todos. Y con una tinta indeleble, diabólicamente pintado, “Laguna de Huamanpata”. La manera desgarradora con la que aquellas hubieron presionado el plumón en el mapa me llamó la atención, pero la cólera y la envidia acompañado de mi cañazo que hube bebido hicieron que le prestara la menor atención. Luego de haber estado largo rato husmeando las cosas “extrañas” que habían traído al pueblo llegaron luego de haber dado algunas vueltas en el campo y llamaron desde la tranca. Ya estaban allí las dos chicas, las pude ver por primera vez. Una de ellas era más esbelta y de mayor estura que la otra, más robusta y de columna un poco doblada, no debido a la edad, sino por causas que no pude entender “jamás”. Cuando escucharon al llamado, los perros empezaron a aullar: ¡¡auuuúuu, auuuuuúuuuu!! Mi tía y primos corrieron a sus encuentros, las hicieron entrar al cuarto en donde estaba y la menor se presentó, dijo llamarse Emérita y seguidamente me presentó a su hermana Rocío. Las dos eran bellas, traviesas, coquetas. Emérita tenía su columna doblada, según contaron, porque su enamorado, un gordo de mierda, la aplasto demasiado, mientras hacían el amor en una cama con colchón de esponja barata- ¡Tan gordo habrá sido el cabrón ese!- .
Durante el corto tiempo que estuvieron en casa, entes de partir a los lugares turísticos del mapa solíamos salir a hacer fogata y contarnos cuentos y jugar la botella borracha: Fue allí donde di mi primer beso. Fue algo emocionante, la botella nos apuntó a ambos a mí y a Emérita. Me sonroje. Me puse nervioso. Mis amigos, antes me hubieron enseñado a “bezar sin morder los labios de una mujer o comerse su lengua, confundiéndolo con algo comestible” con la cascara de naranja; le hicimos un hueco y como chupando su juguito me explicaron cómo se debe mover los labios, luego alguna vez me explicaron con la cáscara del caimito de lo cual me hube arrepentido después y había decido no besar a nadie, porque sus labios se pegarían como las cascaras del caimito. Pero esta vez estaba frente a Emérita y sus labios rojitos se humedecían, su piel refulgía, sus manos se acercaban hacia mi cabello terminaban acariciándome levemente, los vellos de mis rodillas la hacían cosquillas en sus depiladas pantorrillas y sonrojada sonreía sin saber decir palabra alguna; mis manos estrujaron sus senitos; mis manos, además se iban rodando por su escalonada columna vertebral y terminaban cercano a su coxis. Vuestros labios se juntaron; no podía moverlos por un momento, luego, lentamente empecé a moverlos al ritmo de los de ella y juntos como una melodía me Mozart movíamos vuestros labios, “¡ya se cumplió el castigo!”- gritó Rocío; luego la botella me hubo mandado “bezar” con Rocío, pues lo hice con una profesión que ya se me estaba dando a notar, ¡Que suerte hube tenido ese día! Jugar a la botella borracha, sólo yo con Emérita y Rocío
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Me siento cada vez con mucha más intensidad un hijo de puta. En estos momentos he decidido desenredar mi “colita” y marrarlo en la viga de esta casa, que está casi a punto caerse; acomodar una silla y pararme en ella, amarrarlo en mi cuello en la soga. Voy sintiendo que me mareo y miro hacia el suelo y todo da vueltas. Pero os quiero contar, primero, por qué derribar mi vida de esta manera.
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Cuando con Emérita y Cintia jugábamos en la loza del barrio de Onchic, ellas me presentaron a Frisa, una bella “niña” de talla mediana de caderas contorneadas, piernas blancas y deportivas, trasero redondito y escultural; senos dantescos y bien proporcionales, labios carnosos; ojos marrones claros, pestañas pobladas; cutis limpio, limpio, muy limpio… de test blanca, cabello enrulado y rojizo: ¡Bella! Impresionó todos mis sentidos. No puedo negar que soy loco enamoradizo, como lo fue Napoleón Bonaparte o Marco Aurelio, o como lo es Marco Denegrí con marta Gildebran, y Frisa no pudo ser a toda costa la excepción.
-Eh, eh, hola, yo me llamo Tony y tú -le dije poniéndome pálido como un limón. Personalmente sabía cuál era su nombre, pero en ese momento no encontré otra palabra más que pronunciar para hablarle.
- Yo me llamo Frisa -sus labios se movieron muy acompasados, sus pestañas poblada por un momento parecían flamear -¿Dónde vives? -me preguntó mirándome a los ojos, que por los motivos que les hube mencionado no resistía por mucho tiempo y terminaba por prendarme en ella.
-Tony -dijo Emérita, mostrándose a la defensiva- tu abuela te está llamando.
¡Pero claro que de ninguna manera haría caso a quien fuere que llamara en ese momento! Y este no fue un caso que mereciera la excepción. Nos miramos un largo rato, como dos cachorritos que se miran frente a frente, luego mueven el rabito, erguen las orejas y se lanzan al patio a jugar. Era la primera vez que veía una mujer tan bella que rozara mis umbrales mínimos y máximos.
-Vamos a ir a pasear por los lugares turísticos del pueblo - dijo Cintia a Frisa, pues ellas se conocían por el Facebook- y nos gustaría que nos acompañaras.
En esos momentos mi envidia y mi cólera hacia aquellas dos se fue disipando lentamente, y les tomé un cierto grado de cariño amical. Me sonrojé al escuchar que Frisa aceptaba la invitación, pero no hube sabido que no contaban con migo. Eso realmente me hubo caído muy pesado y realmente laceró mi corazoncito que palpitaba taquicárdicamente. Debido a mi audacia logré convencerlas de que mi compañía era muy importante, al menos yo conocía “perfectamente”
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Jajajajá ¡Qué falacia más elegante! Si solo hubieran sabido que era pura falacia…
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Los lugares turísticos y que gracias a que yo les guiaría ellas pudieran pasarlo fenomenal, conociendo muchos inhóspitos lugares.
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Partimos rumbo hacia Los baños termales de Tocuya, cuando estuvimos cerca el olor a azufre en un primer momento nos detuvo a pensarlo bien si entraríamos a bañarnos, pero el solo hecho de saber que esa agua es curativa no animó. Llegamos a una “colpa” pasando por cafetales, y caminos de desvío, nos sacamos vuestras ropas. Yo me quedé con un shorsito y las chicas con unas pantalonetas
¡Qué cuerrrpoooo que tenía Frisa!
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; Luego de habernos bañado en una posa de agua nos enjuagamos en el río que quedaba al costado de la laguna, y decimos volver a casa. Y cuando llegamos a casa por acuerdo unánime decidimos ir a Las Cataratas de Leymebamba… Todos estuvimos emocionados por lo de los paseos, nos distrajimos conversando y perdimos la noción de dónde nos encontrábamos y hasta a dónde nos conducíamos; el GPS de Emérita se hubo malogrado, la maleza de busque no nos dejaba tomar horizonte y Frisa dijo:
- Quiero volver a casa, para ver a mi papito- su mirada se perdió mirando hacia el cielo entrecortado en cubitos por la maleza del bosque, pero en esos momentos volver a casa realmente no era lo más conveniente, porque estábamos en Leymebanba –a cuatro horas de San Nicolás, donde vivíamos y los caminos se nos hacían menos conocidos cada vez más-.
- Estamos demasiado lejos, pero despreocúpate que pronto encontramos el camino de regreso -la consolé y vi que sus ojitos se hinchaban y empezaban a brillar, húmedos. Con mucho cuidado me acerqué a su lado. Apenas me sintió cerquita se abalanzó hacia mis brazos, como pidiendo a grito de locura ser consolada; acaricié tiernamente su rojizo cabello, sequé sus lágrimas, y la mantuve abrazada largo rato. Se recompuso difícilmente, miró hacia todos lados, preguntó en dónde estamos nuevamente y ninguno de nosotros tenía respuesta.
-¡Dónde carajos estamos! –gritó Emérita levantando frunciendo el ceño.
- Por favor, dinos en dónde estamos -replicaba Cintia mientras Frisa permanecía callada sentaba debajo de un árbol de cedro, sentada y echa como un ovillo, con sus rodillas chocándole la cabeza y escondiendo su rostro entre ellos.
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Mis respuestas no tenían validez, porque realmente no sabías en dónde estábamos y para no alarmarlas les dije que debemos esperar a alguien que pase cerca y nos pueda guiar, pero que para eso tendríamos que hacer una pequeña casita, “La casa de palo”, y esperar que pasara la lluvia que en esos momentos apenas nos dimos cuenta de lo perdidos que estábamos empezó a caer. Ihp, ihp…
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La lluvia caía en gotas gigantes, en la casa de palo, Frisa se hubo sentado en una pachca y vi que se estaba mojando, como una pollita. Surqué un poco más de donde estaba le pasé mi casaca impermeable para que se cubra, mientas yo iría a buscar leña seca para esperar la noche y prender una fogata; Emérita dijo que las tripas se le salías y Cintia que tenía el estómago vacío, Frisa solamente me hizo una venia lo cual significaba que tenía que cazar algún animal para comer, pero la noche ya nos estaba tomando desprevenidamente, así que, me apresuré en salir en pos de algún animal salvaje. En ningún momento me percaté que Frisa me estaba siguiendo silenciosamente, hasta que, cuando un búho estaba cantando y ella sin darse cuenta le pisó la cabeza (cuando se pisa a un búho es una clara antesala a una muerte inesperada); el ave empezó a revolotear y eso asustó mucho a Frisa que terminó dando un fortiiíiiisimo grito femenino. Habiendo escuchado esto me di cuenta de que Frisa me estaba acompañando, de manera que me acerqué a su lado y la encontré pálida del susto. No tuve palabras que decirla porque yo también estaba congojado al igual que ella. En esos momentos nos abrasamos y lloramos juntos largo rato. Luego que sus lágrimas me hubieron humedecido su suave cabello rosó mi rostro, la tenía en mis brazos, muy lábilmente. Sus manitos poco a poco empezaron perder fuerza, su cuerpo empezó a perder peso, fui acercando mis labios a su boquita, pero ella con un movimiento convulsivo me detuvo.
- No sé qué es lo que estamos haciendo -me dijo, con una mirada pueril.
- Yo tampoco lo entiendo. Tu piel arme en mí, estas gotas de lluvia que caen en medio de nosotros humedecen tus labios, tu piel se hace más tersa, termino por hacer esto, que no lo entiendo- le dije muy ofuscado, pero sintiendo raro.
- Sabes, tus ojos son muy pequeños y hermosos -me dijo muy coqueta.
- ¡No! Que va, los tuyos son como unas uvas maduras, tus labios son como cerezas, tus orejas son una bella y delicada rosa -le dije con el más puro sentimiento. Abrazándola y cogiéndole por la cintura la conduje más hacia el bosque, nos besamos bastante y cuando la cosa se ponía más caliente decidimos meternos bajo unas ramas – y que creen- salimos corriendo del bosque, Frisa se había aferrado a mi cuello de miedo y por no asustarla más corrimos los dos, no sentía mis piernas…
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¡Maldita culebra, conchesumadre!
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Desde aquel día fui quedando prendado de un amor que fue latiendo aceleradamente en mí. Pero cuando recordaba lo de la pisada del búho me horrorizaba, como en estos momentos. Aquel día mientras Frisa y yo nos contábamos secretos en la pachca de la casa de palo, se oyó el sonido del motor de una motosierra y el árbol revoltosamente se empezó mover, se mecía de un lado para el otro; cuando bajamos la mirada era un señor que estaba cortando el árbol de cedro en el cual habíamos hecho nuestra casa de palo; lo cortaba con su motosierra y se había tapado el oído con unos guiñapos y no nos escuchaba cuando le gritábamos que parara. Haciéndome a un lado, saqué abrí mi bragueta, saqué mi pene, me empecé a masturbar y cundo llegó el momento de eyacular lo hice en dirección de la cabeza de aquel tipo. Cuando le cayó la gota espesa, pensó que era la caca de una paloma, pero cuando levantó la mirada y nos vio a nosotros en aquel árbol el cual estaba cortando, y al ver además mi cara de niño bueno, se convenció más que lo que le había caído en la cabeza era la caca de una paloma. Esperó a que bajáramos y le pedimos que nos indicara el camino para poder volver a casa. Nos indicó y cuando ya estuvimos a unos metros de su lado, se limpió su cabeza con su mano y luego se la llevo a su boca y luego a su nariz !Puta madre, esto es semen, ¡agh! !, dijo y nosotros apresuramos el paso…
Volvimos a casa, eso es cierto, pero faltaba finalmente nuestro último lugar turístico por visitar: “LA LAGUNA DE HUAMANPATA”. Para esto, frisa y yo desde ya nos amamos con una fuerza y una ternura a morir. Fuimos un jueves de setiembre.
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Un día antes fui a la quebrada de Huarmiaco a practicar mi nado, luego fui al río Leiva para practicar también mi nado. Frisa iba con migo. Nos subíamos a las pachcas de un árbol que tenía una de sus frondosas ramas dando hacia el medio del río; nos tirábamos unos chapuzones impresionantes: como dos delfines, bien acompasados. Dentro de las profundidades del agua le robaba un beso en la boca y me escapaba nadando como un pez y ella en mi persecución iba. ¡Claro que nunca me alcanzaba, como verán! Porque mi nado y mi resistencia bajo el agua son impresionantes; basta con cantarles que cuando hube tirado una piedra a un panal de avispas negras tuve que correr demasiado y no era suficiente, porque me venían picando por todo el cuerpo, entonces, tuve que meterme bajo el agua y permanecer larguísimo rato hasta que se vayan y pueda salir… De manera que cuando salí ni una sola avispa estuvo cerca. ¡Ahh! Y también soy un capo corriendo y trepando los árboles, para que se hagan una idea cuando a mi amigo Oshita le picó un jergón yo hube corrido en persecución de la maldita culebra durante una hora y media, trepando árboles y trepando piedras y todo tipo de obstáculos hasta que la jergón se cansó y terminó rendida bajo mis pies, la cogí por su resbalosa cola y la introduje en una botella que guardo como recuerdo. Luego de haberles demostrado mis habilidades a Frisa, Cintia, Emérita decidieron que iría con ellas a la laguna de Huamanpata. Antes de partir en casa hubieron preparado en la sala de visitas un colosal almuerzo compuesto por: locro de yuca melamela, cuy cangado, plátano asado, y acompañado con su chicha de jora. En aquella “corta despedida” todos comimos con regocijo, e inclusive, después de haber comido como peones, uno de mis tíos sacó su masato y empezamos a beber entre pausados sorbos e íbamos calentando la noche. Avanzada ya la noche y cerca de la hora de dormir, Frisa, se acercó hacia mí me cogió de la mano, y nos conducimos al chorrito, pues ella quería orinar y tenía miedo a las luciérnagas. La acompañe y nos quedamos largo rato charlando a solas, entre la larga conversación me dijo:
- Te quiero mucho –me dijo melifluamente.
- Yo también te quiero demasiado -le dije, poniéndome nervioso y tomándola por la cintura, empujándola hacia el pasto. Nos besamos, abrasados y tendidos en el piso. Sus hialinas piernas se enredaron con los míos. Con su cabello despeinado, enredado, con yerbas incrustadas y labios enrojecidos repondría mis besos. Sus senos se endurecieron, su rostro perdió su blancura y un rubor se le notaba. Delicadamente me acosté encima de ella, y poco a poco fuimos deslizándonos, muy acompasados, y desvistiéndonos –no, no, prefiero que no, dijo- fui jalando la tira de su brasier, desabotonando su jean y también fui besándola por todo su cuerpo, su boca, su pecho, su ombligo, su…, sus piernas, sus pies – por favor, prométeme que nadie se sabrá de esto, dijo, como sollozando. Los saltamontes saltaban por vuestro costado y ella extasiada empezaba hablas despacito, con una voz entrecortada, suspirando-. Una vez desvestidos por completo voltee un poco, me puse un preservativo, volví a volearme y la introduje mi pene. La respiración parecía faltarnos, ella gemía pausadamente – ¡por dioss!, me duele, me duele, decía- vuestros corazones juntos, caliente, palpitaban aceleradamente-. Sentí que en mi pelvis algo como que se resbalaba. Cuando sentí que Frisa me abrazaba fuertemente y presionaba su cuerpo con fuerza contra el mío y derramaba algunas lágrimas, y me dijo con más fuerza, ¡Háu, me duele!, observé hacia mi pelvis: Un chorrito de sangre corría por la vagina de Frisa. En esos momentos Frisa pego con intensidad su cuerpo con el mío, aprisionó mis piernas entre los de ella, pegó su cara hacia mi oído y me dijo: Nunssncahhh me dejesss porhhfahhhhvor, Con tigo essstaré siemmmmpre, muévete no más, Mehhh lo prohhhhmetessss, Nohhh, te lo juhhhro”, le dije, te juro que estaremos jjuntos hasta en el más allá. En esos momentos empecé a sentir que mi cuerpo temblaba y ya no podía moverme más. La abrasé fuertemente pegando con fuerza su pelvis contra la mía.
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La amé, la amo y la seguiré amando hasta en el más allá de eso todos pueden estar seguros. La amo con tanta fuerza que no cabe otro espacio más que para ella.
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La hora de partida llegó- Partíamos rumbo a Huamanpata Frisa, Cintia, Emérita y Yo. Salimos a las cinco de la mañana con el aurora de la mañana; por vuestros oídos restallaban los kikiriiiíiiii´s de los gallos; el sonido que hacían las palomas al reproducirse con sus palomos. Fuimos pasando por el barrio de Onchic, subimos el cerro San Pedro. El camino estaba lleno lodo se nos apegaban en las botas y casi no nos dejaban caminar.
Después de cuatro horas de larga caminata, estando ya cerca el aroma a orquídeas se hacía más perceptible y el olor a laguna estuvo al alcance de vuestros olfatos, los mosquitos nos pinchaban sus “agujas” como la aguja de una jeringa hipodérmica. Finalmente divisamos la laguna.
- ¡Mira esa gran laguna! -gritó emocionada Rocío- hace muchísimo tiempo que no veo algo así, en Lima se ven las aguas del mar, pero si la vemos más detalladamente nos damos con que son aguas servidas; en cambio, esta sí es muy limpia y natural, miren los árboles reflejados en sus aguas, miren los patos salvajes dar chapuzones y sacar como presas a peces truchas.
- ¡Precisamente es bella esta laguna y mira el paisaje, mira las orquídeas, mira los animales; los monos, los cashapicuros, los venados…! -gritó mientras corría la bajada del cerro hacia la laguna Emérita llevándose de la mano a Cintia.
Yo y Frisa caminamos despacio hasta llegar a la laguna; los patos salvajes daban tremendos chapuzones y salían con truchas en sus picos precisamente; los demás animales nos observaban escondidos entre los matorrales, tímidos y a la defensiva. A Frisa le llamó la atención una mariposa de alitas amarillas que revoloteaba muy sigilosamente. Frisa fue corriendo tras ella y yo fui llegando, exhausto, pero muy contento por estar con Frisa en un lugar tan ameno y hospedero. Cuando llegamos todos a la laguna dispusimos empacar en la Casa comunal, la casa en donde los visitantes se hospedaban, una casa como su nombre lo dice “comunal”, o sea hecho por todos y para todos, recogimos bastante leña y al llegar la noche prendimos las fogata y cuando se acabó la leña con Frisa fuimos a descansar…
Los labios resbaloncitos de Frisa se deslizaban con los míos, como dos peces en un vaso de agua. Emérita y Rocío durmieron en la Casa comunal, mientras yo y Frisa preferimos irnos debajo de una inmensa piedra que dejaba un espacio entreabierto y servía como cueva. Allí pasamos una romántica noche, bajo los murmullos de los animales y las quejas de los sancudos que nos picaban por todas partes.
- Las moscas me quieren mucho, me están picando en la pierna -me dijo Frisa y en esos momentos di una palmada en las piernas desnudas de Frisa y alejé a los mosquitos y dejé mi mano en donde di la palmada, fui subiendo por sus rodillas, por su cintura, pegamos nuestros cuerpos, se volteó, con mi brazo fuerte la presioné; pegue sus glúteos con mi pelvis…
----------------------------------------------------------------------------------Hicimos el amor toda la noche.
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Al día siguiente, nos reunimos nuevamente en La Casa comunal. Decidimos por acuerdo unánime pasearnos en las balsas por toda la laguna; les hice una observación: Que no se pasearan hacia el lado oeste de la laguna, porque esta laguna se forma de la obstrucción de las aguas de un río y en el lado oeste desemboca, caudalosamente y es peligroso que les pueda llevar; y también que tengan cuidado con llegar muy al centro de la laguna, debido a que, el pequeño remolino les haría perder el equilibrio y se pudieran ahogar.
***
Nos paseamos varias veces, el día de regreso se acercó y Frisa decidió darse un último chapuzón, pero eso lo quiso hacer un poco al fondo de la laguna de manera que tomó una balsa, muy grande en donde cupimos los cuatro.
La corriente del agua nos empezó a jalar hacia el centro, en donde les hube advertido del pequeño remolino; yo, debido a mi voluminoso, musculoso brazo, ¡Ahh! Y fuerte, estaba encargado de remar; la corriente de agua me hacía perder el equilibrio y cada vez nos acercábamos más hacia el remolino; hasta que ya no pude y en un ávido movimiento de manos les dije a todos que nos tiráramos de la balsa, para salir nadando. Pero la sorpresa fue muy grande cuando me di cuenta de que, tanto frisa, como Rocío estaban con botas de jebe y el agua se llenaba en ellos y les daba mucho peso para que puedan mover las piernas y nadar
---------------------------------------------------------------------------------- Permítanme, amigos que aspire un poco más de este polvo en estos momento, con esta cañita delgada y larga que llega hasta el suelo, porque esto me pone “fuerte” y me da valor para seguir contándoles, lo que sigue, porque esto realmente me aterra y me agobia demasiado shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh,ssshhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, Ahhhhhhhh! Listo.
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De manera que se empezaron a hundir, Emérita fue al rescate de Rocío y yo al rescate de Frisa, nadé como un pez hasta alcanzar el cuerpo de mi amada. Logré alcanzarla, la tomé entre mis brazos, su cuerpo estaba aún caliente y sentí que su corazoncito aun latía; por más que nadé con una profesión impresionante, no puede sacar fuera del agua el cuerpo de Frisa, debido a que, Emérita tampoco podía nadar bien y se hubo aferrado en mis piernas y no me dejaba moverlos; Emérita tenía a Rocío pegada a su cuerpo, con su mano entre su costilla. El peso contra el cual me enfrenté superó todas mis fuerzas de manera que nos empezamos hundir los cuatro. Por largo rato me mantuve luchando contra todo, para que los cuerpos no se hundiesen, pero era vano, porque a pesar de mis esfuerzos denodados no puede con las cuatro y apenas mantuve sujetada contra mí a Frisa, que en un momento recobró un poco de vida, pegó sus labios, hacia los míos, los rosó; sus manos que se habían aferrado a mi cuello sentí que se debilitaban y al poco rato sus labios se fueron quedando quietos y menos resbalosos, al otro rato, tiesos y la temperatura de su cuerpo fue descendiendo de manera que su boca quedó pegada con el mío; intentaba a toda costa ascender con el cuerpo, pero Emérita, se hubo aferrado tanto a mis piernas que cuando expiró quedó tiesamente así y, además sentía que no solamente era el peso de Emérita, Cintia y Frisa contra las que tenía que luchar, también sentía que algo las jalaba hacia el fondo a ellas también.
Por más que mis pulmones son demasiado fuertes el aire me empezó a faltar, de manera que tenía que ascender a como dé lugar y cogerme de alguna rama o algo así, pero las truchas que pasaban chispeantes por mis ojos y el agua que se había enturbiado no me dejaban ver por dónde ascender. Finalmente ascendí, me cogí de la balsa que de la cual me hube tirado al nado, y haciendo esfuerzos logré mantenerlo estable.
Mi cuerpo tiritaba por el frío, mientras que en mi cabeza se dibujaba perfectamente la imagen de un gigantesco y horroroso búho.
Habían ramas de árboles por los costados en los cueles vi al búho que Frisa le hubo pesado la cabeza.
- ¡¡Maldito búho!! -le grité con voz solloza.
Sentía que se me atragantaban todas las palabras, que algo se atrancaba, como un tronzo de metal entre mis cuerdas bucales.
Me tiré de la balsa y salí nadando sigilosamente a la orilla; cando estuve en la orilla, me desnudé por completo y cogí otra balsa y fui nuevamente hacia donde yacían, supuestamente, los cuerpos. Llegue, bucee por mucho rato, en una de mis buceadas logré palpar el cuerpo de Emérita. Fue ella porque toqué sus piernas endebles, tiesas, por un momento los confundí con un tronco o un palo grueso, pero fui tocando las piernas hasta llegar a palpar su un monte de venus, introduje mi dedo en su vagina, fría, dura, como meter el dedo entre dos fierros y asustado seguí palpando hasta llegar a su útero, luego de sacar mis manos de su vagina empsé a tocar su escalonada columna vertebral y al darme cuenta que era medio doblado, tienso, edemas reconcé una verruga en du nuca ¡¡Mierdaaaaaaa, es el cuerpo de Eméritaaaaaaaaaaa!! Apenas puede gritar por mis adentros, me puse pálido, ascendí y empecé a gritar:
- ¡¡Encontré un cadáver!!
Las gentes que en ese momento estuvieron cerca acudieron a mi llamado, todos, con ropa aun, se sacaron apenas sus botas. Ellos también se hundieron. Hera como si un ente o unos entes los jalaba hacia el fondo de la laguna. Solamente yo, aunque prefiera que fuera de otra manera, sobreviví. Entonces, luego de lo sucedido, decidí ir al pueblo dejando los cadáveres. Tenía que caminar cuatro a cinco horas hasta llegar al pueblo y así lo hice, por la tarde, pues ya eran más de cinco, digo esto porque deduje por la posición del sol, las cinco y media de la tarde. El sol ya no quemaba demasiado, el cielo amenazaba con caerse en gotas de agua, estaba oscuro.
En plena lluvia llegué, al valle del Huayabamba, a contar a todos. Cuando llegué, el pueblo mojado, las calles embarradas, mis botas los deje a un costado y empecé a correr en dirección a la plaza de armas de Rodríguez de Mendoza. Allí algunas gentes beatas salían de misa, se persignaban y avanzaban; cuando vieron mi cara pálida se acercaron y me preguntaron: ¿Qué te ha pasado, quien se ha muerto? Hera como si ellos adivinaban lo que hubo pasado. Me invitaron entrar a una jugaría, en donde me invitaron un vaso con agua. Lo tomé de un solo tirón, desesperado.
-¡¡A muerto Frisa…!! -les dije, dejando que mi voz se quebrara.
- Dónde, dinos, dónde -repetían
-¡¡En la Laguna de Huamanpata!! -les dije levantando desesperadamente mi voz.
Pude ver a todos ruborizarse y sus caras cambiar de tan solo escuchar “La Laguna de Huamanpata”, pues uno de aquellos presentes, luego de que casi todos se fueron con la promesa de que al día siguiente todos se reunirían en la loza de Onchic e iríamos todo el pueblo a rescatar a los cuerpo, les hube contado, una vez calmado, lo de Ricio y Emérita, además de los que me ayudaron.
Al día siguiente todos los pobladores se reunieron y esperaron a que llegara; cuando lo hice, corrieron a mi encuentro, me dieron cálidos abrazos, me dirigieron hacia el señor José, representante de Onchic, quien era un tipo alto, flaco, tenía unos bigotes negros y enredados en las puntas. Me miró a los ojos y me dijo:
- Lo sentimos mucho. Muchos de los nuestros se han quedado allí ahogados. Ahora vamos a ir todo el pueblo, solamente se quedaran los niños, madres en gestación, ancianos y algunos hombres, el resto: Nos vamos todos a Huamanpata- su mirada era fija y penetrante y sus bigotes parecían ponerse de punta y desenredarse cuando me dijo: Mmuuúuuchosss de los nuestros se han quedado ahogados en La Laguna.
- Sí, me siento acongojado por todo lo sucedido y la culpa la tengo yo, no debí dejar que remáramos muy a fondo -le dije.
- No temas hijo, tú no tienes la culpa de eso, son las almas de las demás personas desaparecidas en el laguna las que los han jalado, o, puede ser el “tunche”- la órbita de sus ojos perdían el tino y mis ojos buscaban la fijeza o seguir el ritmo con los que se movían los del señor José, pero continuó- han pasado muchas cosas extrañas en este pueblo; no sabemos el origen, pero ahora que tu amada está muerta y su cuerpo yace entre los demás tenemos que ir a rescatarla, al menos el o los cadáveres y darles cristiana sepultura- en esos momentos sus palabras me dieron bastante alivio, pero eso no aplacaba completamente mi congoje-. Entre los presentes estaba mucha gente, como les dije, el pueblo entero, todos estaban provistos de botas grandes, alforjas, tragos, hojas de tabaco seco, coca; uno de ellos gritó:
- ¡¡Es hora de irnos, vamos a recoger a los cadáveres!!
Nos pusimos en pie y emprendimos el largo viaje de cuatro horas.
***
Cuando llegamos empacamos en la casa comunal, llegamos al anochecer, los varones y las mujeres habían coqueado todo el camino, escupían al suelo verde, y emanaban olores a coca y trago. Prendimos una fogata con la esperanza de que mañana entraríamos al agua un grupo por la mañana y por la tarde otro grupo, mientras las mujeres que nos hubieron acompañado preparaban la comida y las camillas para los cadáveres. Durante muchas horas nos calentamos frente a la fogata, a pesar de la circunstancia, uno de los oriundos contaba algunos chistes y nos contaba sus defectos, los cuales eran bastante inciertos, pero nos alegraba la noche y me hacía olvidar de todo al menos un momento.
Al día siguiente, tempranito, todos estuvimos de pie, nos separamos por grupos para salir a campear para conseguir el alimento. Al poco rato uno de nosotros hubo casado un venado, el otro un conejo; el otro, un sajino, y así sucesivamente mientras yo y el señor José nos metimos a la laguna a bordo de una balsa, para pescar truchas. Pescamos unas cuanta, todas eran de color rojo, sus pieles eran rojos, sus carnes eran rojos; era como si se esos cuerpo eran partes humanas que tomaran vida. Me horroricé al verlos, no resistí y los devolví a la laguna. El señor José solamente me observaba como a distancia y no decía nada, solamente remaba mientras yo tiraba la atarraya. Volvimos a la casa comunal en donde estaban los demás con sus caserías; comimos todos y nuevamente nos separamos en grupos para entrar al rescate de los cuerpos. Primero en grupos de veinte y luego en grupos de cincuenta; todo consistía en que cada grupo entraría con balsas, sin botas, ni ropa; los penes de los barones colgaban como un cordón umbilical y hasta se confundían con un puro, algunos sucios y otros mucosos. Yo tenía consigo, amarrado en mi cuello un borrador que no me explico hasta ahora por qué lo tenía en ese momento ahí, porque el hecho de ser escritor no justifica el andar con un borrador en el cuello
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Claro si el borrador era una magnifica estrategia para esconder mi polvo, muy simple, ice un huequito en el borrador, llene de caspa de Atahualpa y lego con otro pedacito de borrador lo taponee, para utilizarlo en el mejor momento, como ahorita, que como recuerdo, llevo aun el borrador en mi cuello, déjenme que lo rompa y aspire otro poco más… … …
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Pero de todas maneras el primer grupo inició la búsqueda; al poco rato salieron, sin resultados favorable; luego el segundo grupo, sin resultados favorables. Al final entramos todos, teníamos en vuestras manos consigo un palo largo que en la punta lo hubimos tallado de manera tal que se introdujera con facilidad en una carne humana; buceábamos, punteando, punteando.
¡¡Encontré un cadáver!! Grito una persona saliendo del agua, teniendo consigo un cadáver. Lo sacaron hacia la orilla y fui a ver si eran Frisa, Emérita o Cintia, pero no. No eran ningunas de ellas, era el cadáver de un varón, de una persona un poco mayor, de unos cuarenta y algo más de edad. Por mi parte, buceaba larguísimo rato sin encontrar nada, me alejé del grupo y mientras seguía buceando y punteando en el precipicio, pude ver que una cosa oscura se movía y poco a poco se iba acercando hacia mí, intentaba mover más rápido mis varazos y mis piernas, pero no lo lograba, ese algo se acercó mucho más, el agua se puso más gélida; cuando el cuerpo estuvo a unos centímetros de mí pude reaccionar y moverme con mucha agilidad y salí hacia la orilla, soltando mi palo. Salí y encontré a parte del grupo varado en la vera de la laguna, me acerqué a ellos y no les dije nada por él. Llamamos a todos para que salieran a la orilla para impartir instrucciones sobre donde se hubo ahogado Frisa, pero de todos los que nos habíamos metido a la laguna, apenas el cincuenta por ciento oyó y salió a escuchar al señor José. Esperamos un largo rato a los demás que faltaban y al darnos cuenta que no salían empezamos a bucear para salvarlos a ellos también. Con mi palo punteaba y por un buen rato no sentía que se hundía el en el cuerpo de alguien, hasta que, empecé a sentir que el palo se introducía en el ano de alguna persona, lo introduje más lo así, lo puse en vilo y lo saqué a la orilla; el palo había traspasado de su ano hasta sus intestinos y salía por su estómago con pedazos de su intestino delgado y grueso. Cuando salí con el cadáver y espere a los demás me di cuenta de que todos los que sobrevivimos y recibimos las instrucciones del señor José, salían con uno o dos o más cadáveres en manos. Los amontonamos haciendo un cerrito de cadáveres. Las mujeres lloraban y a nosotros también nos salía la mariconada y llorábamos como unos cabrones y nos secábamos las lágrimas con los cabellos de los difuntos. Esperamos hasta que se haga ya de noche, mientras cuidábamos los cadáveres, para que no los comieran los animales del bosque. Mientras tanto buceamos una vez más y logramos sacar más cadáveres, buceamos unas veces más y nos dimos cuenta de que no nos era posible transportar tantos cadáveres hacia el pueblo, de manera que un grupo bajaba al pueblo mientras el otro cuidaba del que quedaba y seguía buceando y sacando más y más cuerpos. Me fui percatando de que entre nosotros faltaban muchos entre ellos, José, mi desespero fue mucho más atroz, y con los cien que quedábamos nos seguimos restando. Por un momento me retire a defecar en un bosquecito y cuando volví ya todos estaban en la alguna; los esperé bastante y jamás salieron. Desesperado me dirigí al pueblo a ver si alguien me podía ayudar.
Fueron pocas las personas que me ayudaron, subimos los cerros, las laderas, pasamos los bosques hasta llegar nuevamente a la laguna. Volví a bucear y a sumergirme hasta el fondo de la laguna y palpé algo que en un primer momento pensé era mi borrador, pero me fui dando cuenta de lo cilíndrico y deforme que era y ese mi borrador “ni cagando”, era el pene de un cadáver. Saqué el cadáver a la orilla y lo amontone junto a los demás. Luego de haber buceado bastante, y ayudado por las personas que me acompañaban logre encontrar los cuerpos de Cintia, Emérita y Frisa. Los monté en un caballo que había por allí cerca y las conduje hacia el pueblo.
Cuando llegué al pueblo, con los cuerpos tiesos y fríos, aquel estaba desolado, gruesas gotas de lluvia empavan y se reunían en los techos de paja de las casas y caían en unas anchas acequias. Me dirigí hacia mi uno de mis tíos “chamanes”, Ambrosio, para pedirle su ayuda. El y alguna madre y pocos niños eran los únicos que no se fueron a Huamanpata, y por ende, los únicos que sobrevivieron. Mi tío al verme tan destrozado, se compadeció y me dijo:
-Mañana a primera hora tengo que prepararme, por la noche vamos a ir a la laguna a rescatar el ´”ánima de tu amada”- sus pupilas parecían estar de acuerdo con la dirección del viento, su cabello albo e hirsuto se meneaba también con él.
- cómo que prepararte, tío -le dije sorprendido.
- Lo único que tienes que hacer es conseguirme el cabello de tu amada- apenas me dijo eso, lo pensé por un buen rato, lo dudé, pero él era un “chaman” y sabía de esas cosas y le hice caso. Cogí de su cabello a Frisa y desangrándole la despojé de su cabeza dejando entrever su cráneo, pelado y ya sin cabello ni cuero cabello. Su sangre empezó a escurrirse por donde la hube jalado, pero con poco de ceniza logré parar esa sangre. Entregué el cabello entregué a mi tío Ambrosio. Cuando se lo entregué estaba mi tío preparando un cigarro con chante, coca, miel de abeja, hoja de tabaco. Coleccionó todos sus ingredientes y los envolvió en un pedazo de chante y lo moldeó como para un cigarro; sacó su cantimplora conteniendo aguardiente:
- Nos vamos a las ocho de la noche, a las doce tenemos que estar allí en donde falleció Frisa -me dijo de una manera tajante, que no me dio modo de reacción y terminé por aceptar lo que me dijo.
Al mediodía me acosté bajo un árbol y como San Martin me quedé dormido y empecé a ver volar, no una gaviota, sino, un gigantesco búho, emanaba espuma por su pico y de sus alas caían gusanos con pedazos de carnes; luego ese mismo búho fue tomando la imagen de Frisa; se detuvo en su vuelo y dejó caer ante mí un papel en donde me decía: “Para seguir siendo mío, para seguirnos amando aquí en el más allá, tienes que, primero salvar mi anima, tu tío lo está haciendo; cuando terminen eso, tienes que coger la soga que hayan hecho con mi callo y tienes que enredártelo en el cuello y pensar mucho en mí, prométeme que lo harás, prométemelo, Te lo prometo, amor, la contentaste”. Desperté en ese mismo instante que acabé de leer el papelito, lo busqué en el lugar donde estuve y no encontré ningún papelito.
-Sobrino, ya está todo listo para partir: el caballo blanco, la marimba, el trago.
A las ocho de la noche partimos rumbo a la laguna, y las once llegamos, me dormí en cuanto llegamos a La casa comunal y empecé sentir que un cuerpo entre frío y caliente se pegaba a mí, unos dedos afilados se pasaban por mi cabello; unas piernas esbeltas se enredaban con los míos; unos susurros me decían: Te amo Tony, soy Frisa, hazme tuya, y se doblaba de caderas y luego se ponía de bruces y yo me volteaba hacia ella, con mis brazos desnudos y flacos pegaba su glúteo hacia mi pelvis; también suspiraba y mi corazoncito palpitaba locamente; seguía escuchando sus susurros y sus gemidos orgásmicos, pero al final me decía que con su cabello tenía que arredrármelo en el cuello y pensar mucho en ella, gimió un poco más, emanó un poco de bazofia y lentamente se fue yendo, desnuda, satisfecha, sonriendo y con sus manos llenas de su cabello diciéndome “ven, ven”. Cuando desperté me di cuenta que había eyaculado, con disimulo y vergüenza me fui hacia un chorrito y lavé mi pene.
-Ya son las doce. Vamos a la desembocadura, tiramos la soga que está compuesta de crin del caballo blanco y el cabello de tu amada –sus palabras sonaban a diabólicas, a pesar de que dijo eso con voz baja, un eco sonó entre unas peñas que habían al costado de la laguna, como imitándolo.
-Está bien, tío -le dije entusiasmado por lo sueño polucionaste; aunque mi tío jamás lo supo “ni lo sabrá”, y además me emocionaba el saber que rescataría a Frisa.
Fuimos a la desembocadura de la laguna: una inmensa catarata era en la terminaba la laguna. Tiramos la soga. Por momentos, la verdad es que me sentía estúpido haciendo esas cosas, mientras mi tío llamaba: Frisa, soy Ambrosio, he venido para salvarte, por favor cógete de la soga y ven conmigo, mientras los cadáveres estaba en Mendoza siendo velados, mi tío hubo ordenado de que a las doce “nadie debería de estar presente, excepto de los cadáveres de Cintia, Emérita y Frisa, claro, ellas estaban siendo veladas por las personas que quedaron vivas en el pueblo. En la laguna mi tío llamaba con tanta fuerza que pude oír que alguien le contestaba, pero con un lenguaje como “jucurulamki” era un código que mi tío y ella (Frisa) entendían, mi tío empezó a jalar la soga del precipicio, su rostro empezó a sonrojar y sus venas empezaron a sobresalirle, como cuando hace mucho esfuerzo. ¡Por una mierda, no mires hacia tras! Me dijo, pero no hice caso y miré. Logré ver que cuando voltee la mirada un ente, como un viento se iba corriendo por el bosque. ¡Mierda, la cagaste conchetumadre!, me dijo con su lenguaje frio, ogro, fuerte y excitante, que hacía que mi sexo se erectara como por una palabra mágica. Tuvimos que volver nuevamente y llamar al alma Frisa, esta vez lo hice yo y ciertamente el alma de frisa se colgó de la soga, sentí que un cuerpo, sí, realmente como un cuerpo se colgaba de la soga pidiendo que la rescataran. La jalé con mucha fuerza, pero se soltó, y empezó a jalarme a mí, mi tío se cogió de la rama de un árbol y me sujetó para el alma no me jalara. ¡No es el Alma de Frisa! Dijo mi tío y me jaló con mucha más fuerza. Cogimos una balsa, luego de haber salido de la catarata, y entramos remando a la laguna; mientras mi tío remaba yo hacía ademanes con la soga, como para lacear un animal, y tiraba la soga al agua, llamábamos fuertemente, gritando, de las peñas, se empezaban a oír algunos bullicios, como de personas que estaban haciendo ritual. De una de las peñas salió un hombre, alto y flaco, se tiró al nado y se dirigió hacia nosotros dos. Mientras mi tío remaba y el hombre se acercaba yo seguía tirando la soga y llamando a Frisa. El hombre se acercó, su cuerpo se empezó a desaparecer en el agua, como si se derritiera o algo así. De pronto la balsa se empezó a tambalear y amenazar con voltearse; aquel hombre quería tirar la balsa para que nos cayéramos. Pero mi tío, prendió su cigarro, fumó un trocho de su cigarro, pisó el agua y sin hundirse se alejó, caminando de la balsa. Me quedé solo en la balsa, mientras veía a mi tío pelearse con aquel hombre; aquel hombre se hizo gigante y mi tío intentaba cogerle su oreja, aquel hombre le daba tremendas bofetadas a mi tío y el reaccionaba dándole fortísimas patadas y puñetes. Mi tío empezó a sangrar, pero aquel hombre no. Mientras tanto la balsa en la cual yo estaba, seguía tambaleándose e intentando hacerme caer; empecé a luchar yo también, con la soga que mi tío había preparado latigueaba al vacío y sentía que caían en los brazos de alguna persona. Pude ver que aquel hombre, poco a poco se iba haciendo pequeño hasta que al final convertido en una luciérnaga desapareció. Mi tío volvió, todo herido, pero sonriendo “es el diablo”, dijo. Y siguió remando, hasta que, al fin, después de largo rato, un ente pesado se cogió de la soga y se con ayuda de nosotros se acomodó en la balsa y la condujimos hacia donde estaba el caballo blanco esperándonos. Y rápidamente volvimos para rescatar a Cintia y Emérita las demás almas se colgaban de la soga también y hacían más pesada la soga: Por una mierda, es un pueblo entero el que está muerto, estas almas son de un pueblo entero. Ellos fueron, muy probablemente, malos violaron a sus hijas, mataron a sus madres y Dios les ha castigado haciendo que sus pueblos sean inundados en esta laguna “LA LAGUNA DE HUAMANPATA”, dijo desesperadamente mi tío. Luego de rescatar las almas que nos interesaban las condujimos a galopes a donde estaban sus cuerpos. En la sala en donde estaban los ataúdes, el ataúd que tenía que ser para el señor Pedro también, no había nadie, había allí algunas velas a casi apagar, un crucifijo grande, y algunas coronas echas de flores.
Llegamos a la puerta y nos tapamos los ojos, el caballo dio un fortísimo graznido como de alivio, abrimos vuestros ojos y pude ver que el cadáver de Frisa se dio una sacudida y nuevamente quedó tiesa y fría, por un momento las esperanzas me invadieron el alma, pero luego la desesperanza o tal vez el desconsuelo de que “ha muerto” y en esos momentos le pedí a mi tío que me diera la soga con la que rescatamos el alma de frisa y me lo amarre en mi cintura ----------------------------------------------------------------------------------La misma que la tengo marrado en esta viga y sujetada en mi cuello, a punto de cumplir mi promesa
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, dejando una parte ella colgando, como una cola. Por el resto de la noche intenté conciliar el sueño, pero la imagen del búho volando, emanando baba y los gusanos que le caían y el papel frente a mí, no me dejaron dormir. En el poco rato que lo logré, frisa me pidió que volviera a Huamanpata y rescatara a mi tía Ludeña y al resto de la familia, y al señor Pedro, porque todos se habían ido a ayudarme y se ahogaron. No lo pensé ni dos veces, aparejé el caballo blanco y volví a Huamanpata, llegue algo de las doce de la noche del día siguiente, porque el caballo se hubo enfermado; y no encontré a ninguno de mi familia. Los días pasaron y yo me mantuve con la esperanza de encontrar a alguien más, pero nada. La laguna se secó quedando en donde fue ella una hermosa y gigantesca pampa, las hierbas crecieron, los árboles que antes estaban inundados florecieron y los animales empezaron a comer los pastos.
Un día cuando fui a darme una siesta me fui a descansar debajo de uno de los florecidos árboles y mientras descansaba la tierra se empezó a mover, justo en lugar en donde estaba, el árbol también se empezó a mover y fui sintiendo
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Amigos es hora de cumplir mi promesa, la silla de la cual pende, en estos momentos, mi vida está a punto de ser retirada de mi cuerpo y yo quede “colgado” en esta soga.
----------------------------------------------------------------------------------que debajo de la tierra algo salía hacia la superficie. Por un momento pensé que se trataba de un temblor, pero al sentir el cuerpo emerger y darme cuenta que el único lugar en donde la tierra se movía era el lugar en donde estaba. Me hice a un costado y permanecí observando el desarrollo de lo que estaba pasando y logré ver que las manos habrían espacio para que un cuerpo salga, luego salía una cabeza, llena de tierra y luego un cuerpo completo, era el señor Pedro. Me quedé sin poder decir palabra alguna, mientras el cuerpo se sacudió y aquel me tendió la mano, no le di mi mano e intenté correr, pero aquel me dijo: Frisa te ama, tienes que cumplir tu promesa y ser feliz.
Apenas me dijo eso empezó a introducirse bajo la tierra por el mismo lugar por donde salió. La lluvia empezó a caer torrencialmente y unas semanas después el cauce del río se volvió a obstruir y nuevamente se ha enlagunado.
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Me siento estúpidamente un hijo de puta, no he podido, en vida, salvarla. Ella me ha pedido que cumpla mi promesa. Lo voy a hacer. La silla ya lo he soltado y esta soga se va deslizando rápidamente por mi cuello; estoy emanando baba por mi boca… esta soga me oprime másssss, ¡ggggghhhhhh!, no puedo repirarrrr, pienso mucho en Frisa, veo que Frisa viene hacia mí, ¡Te amo Frisahhhhggggaaa! Ghhhhh…
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Fin
Autor: Marco Antonio Tafur Trigoso
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Autor: Marco Antonio Tafur Trigoso.